El cierre definitivo de la planta de Tía Maruca en Albardón, San Juan, no es simplemente el fin de una fábrica, sino el colapso de un modelo de expansión que no resistió la presión de la economía actual. Lo que en 2017 se presentó como el gran salto de una pyme familiar hacia las ligas mayores de la industria alimenticia, terminó este fin de semana con las persianas bajas y cientos de familias en la incertidumbre.
La historia de este desenlace tiene su punto de quiebre cuando la empresa adquirió la planta Dilexis, de 22.000 metros cuadrados, a la multinacional PepsiCo. Aquella apuesta, que buscaba posicionar a la marca "artesanal" en las góndolas de todo el país, trajo consigo una estructura de costos y deudas en dólares que se volvieron impagables con el tiempo. El concurso preventivo abierto en 2019 fue el primer aviso de una crisis que, si bien tuvo una recuperación transitoria en 2022, terminó por profundizarse ante la actual retracción del mercado interno.
Las causas técnicas del cierre son contundentes: una capacidad instalada que apenas llegaba al 50% de operatividad y un desplome del consumo que obligó a la marca a competir en un escenario de costos logísticos e insumos (harina y azúcar) en alza constante. A esto se suma el cambio de gestión; la reciente adquisición de la firma por parte del grupo liderado por la familia Díaz Colodrero (dueños de la marca Pipas) buscaba reestructurar el negocio, pero la realidad industrial de la planta de San Juan resultó inviable bajo las condiciones actuales.
Para la localidad de Albardón, el impacto es devastador. No solo se pierden empleos directos, sino que se corta el circuito económico de una de las plantas más modernas de Sudamérica, diseñada para producir 3.000 toneladas mensuales de galletitas. El futuro de la marca ahora es una incógnita técnica: se habla de una mudanza de la producción o de un modelo de tercerización, pero lo que es concreto es que el polo industrial sanjuanino pierde a uno de sus mayores exponentes, dejando al descubierto la fragilidad de la industria nacional frente a la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento de la producción.