EL DIBUJO DEL 2,5%: La máscara del discurso oficial
Mientras se festejan porcentajes que parecen victorias, la realidad técnica cuenta otra historia. Nos quieren vender que la inflación está domada, pero para llegar a ese famoso 2,5%, se aplica una ingeniería contable que insulta la inteligencia de la persona que trabaja.
La conveniencia de lo "Subyacente"
El uso del término "inflación subyacente" no es casual. Es la herramienta para quitar del cálculo los elementos más sensibles: alimentos y energía.
Dicen que son precios "volátiles" para justificar su exclusión.
La realidad es que nadie vive fuera de esa volatilidad. Querer mostrar un éxito económico eliminando del índice lo que la gente consume todos los días es, técnicamente, tapar el sol con el dedo.
El factor carne: El precio del no consumo
Se intenta ocultar que la estabilidad de ciertos precios, como el de la carne, no es producto de una política de precios eficiente, sino de un desplome histórico en el consumo. Cuando la persona que trabaja deja de comprar porque el sueldo no alcanza, el precio se estanca. Festejar una baja de inflación basada en la parálisis del consumo es ignorar la base del problema.
La desconexión de los servicios
Mientras la medición "núcleo" da números bajos, los precios regulados (tarifas, transporte, servicios públicos) viajan por otro carril. Esa brecha es la que genera la sensación de engaño: un Excel que baja mientras el costo de vida real sube.
"Explicar la economía sacando la comida y las tarifas es como querer explicar una infidelidad diciendo que 'solo durmieron juntos'. Al final, el que siempre sale perdiendo es el bolsillo de la persona que trabaja. El sol no se tapa con estadísticas."
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