El consumo en la Argentina atraviesa un escenario crítico según los últimos datos oficiales, que reflejan una retracción profunda en el poder de compra. Durante el mes de febrero, las ventas en los supermercados registraron un desplome del 11,4% en comparación con el mismo periodo del año anterior, marcando una tendencia que preocupa tanto a comerciantes como a analistas económicos.
El informe revela que el impacto no solo se siente en las grandes cadenas minoristas, sino que se extiende a los autoservicios mayoristas, donde la caída fue del 6,2%. Esta situación evidencia que incluso las estrategias de ahorro mediante compras por volumen están perdiendo fuerza ante la escalada de precios y la pérdida de ingresos reales de las familias.
Al analizar el comportamiento por rubros, los sectores más castigados fueron los artículos de consumo masivo que no son de primera necesidad, aunque también se observaron bajas sensibles en alimentos y bebidas. Los rubros de "Electrónicos y artículos para el hogar" y "Bebidas" lideraron las estadísticas negativas, con retrocesos que en algunos casos superan los dos dígitos. Por el contrario, los únicos segmentos que lograron sostenerse con leves variaciones positivas fueron los de perfumería y limpieza, posiblemente impulsados por promociones específicas.
La brecha entre el aumento de la facturación nominal y el volumen real de ventas confirma que la inflación sigue siendo el factor determinante. Mientras que los tickets promedio muestran cifras cada vez más altas, la cantidad de productos que los ciudadanos logran llevar a sus hogares se reduce mes a mes.
Este panorama proyecta un desafío complejo para el cierre del primer cuatrimestre, con un consumo que no encuentra piso y un mercado interno que se enfría ante la falta de incentivos y la persistente presión sobre los presupuestos familiares. La mirada ahora está puesta en si las recientes medidas de estabilidad podrán frenar esta sangría en las góndolas durante los próximos meses.