Cuando la macroeconomía se convierte en stand-up: festejar el 0,8% mientras la calle asfixia
La creatividad del relato oficial parece no tener techo. Mientras los bolsillos de los trabajadores sufren una licuación sistemática y las góndolas se vuelven cada vez más inaccesibles, el Gobierno eligió un nuevo hito para celebrar: la inflación mayorista de julio se ubicó en el 0,8%. Lejos de mostrar prudencia o empatía ante la crisis cotidiana, la administración conducida por este verdadero títere del poder económico transformó una cifra de escritorio en la excusa perfecta para anunciar un nuevo recital presidencial.
La jugada comunicacional es tan previsible como cínica. Agarrarse de una macroeconomía de laboratorio —que mide exclusivamente los precios al por mayor entre productores e importadores— permite dibujar un espejismo de "éxito" y regalarle titulares a la gilada, mientras el verdadero termómetro de la economía real transita por otro carril.
Porque claro, lo que el relato omite convenientemente es el índice que realmente importa y castiga a la gente de a pie: el minorista. Según los datos oficiales del INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio marcó un 2,1%, evidenciando que la escalada de precios no se detiene y continúa pulverizando el poder adquisitivo. La distancia entre ambos números expone la trampa:
La inflación mayorista (0,8%): Un indicador técnico de transacciones intermedias que deja totalmente afuera los servicios, los alquileres y los gastos cotidianos de un hogar.
La inflación minorista (2,1%): El número real que golpea en la billetera, impulsado principalmente por el peso aplastante de los servicios públicos, las tarifas, la salud y los alimentos. Solo el rubro de servicios trepó un 3,1% en el mismo periodo.
Se nos siguen riendo en la cara. Nos gobiernan personajes que festejan decimales de oficina mientras la calle hace malabares para llegar a fin de mes. Prefieren organizar un show de rock y ensayar guitarras antes que hacerse cargo de una realidad económica que asfixia al trabajador. Al final, el show de la "estabilidad" lo pagamos siempre los mismos, con menos plata en el bolsillo y más circo para disimular la miseria.