La trampa de las paritarias en cuotas: el ridículo festejo oficial de un aumento que ya nació licuado
El relato económico del Gobierno ha encontrado su nueva bandera de cotillón: celebrar que en abril los salarios supuestamente "le ganaron" a la inflación. Con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) clavado en un 2,6% y un incremento salarial promedio del 3,4%, los voceros oficiales salieron en masa a descorchar champán. Sin embargo, una mirada rápida a la letra chica de los acuerdos paritarios desarma la mentira y expone una estafa matemática: festejan un aumento total que en realidad se paga en cuotas, mientras la inflación se los come vivos en el camino.
La estafa de las "cómodas cuotas" frente a una inflación que no para
El gran truco del Gobierno y de quienes celebran este número es hacerle creer a la gente que ese 3,4% o 3,6% de aumento va directo al bolsillo en un solo pago. Mentira. En la enorme mayoría de los convenios colectivos de trabajo, ese porcentaje está fragmentado y distribuido a lo largo de 4 a 6 meses.
Hacer un festejo mensual con un porcentaje cuotificado es, además de cínico, ridículo. Analicemos la matemática real que sufre el trabajador:
Si la inflación de abril fue del 2,6% y se proyecta que los meses siguientes se mantenga en torno al 2,5% mensual, en apenas dos meses ya se acumuló un 5% de inflación nueva.
Si estiramos el cálculo a los 4 meses en los que se termina de pagar el aumento, el costo de vida habrá subido un 10%.
¿Qué están festejando entonces? Celebran con bombos y platillos un incremento del tres por ciento que se va a terminar de cobrar cuando las cosas ya aumentaron el triple. No es una recuperación del poder adquisitivo; es una licuadora programada.
Festejar sobre una tierra arrasada
Esta chicana estadística intenta ocultar, además, el derrumbe histórico que arrastran los ingresos desde que se inició esta gestión. El Gobierno pretende que los trabajadores aplaudan un mes de "alivio" artificial —inducido por una recesión brutal que secó la calle y frenó el consumo— olvidando de dónde vienen. Ganarle por un puñado de décimas a la inflación un mes, después de haber perdido por goleada durante casi medio año, no es reactivación: es dejar de perder por un rato en una economía que ya está en el subsuelo.
Además, el festejo es exclusivo para una porción del empleo registrado. Para el universo de trabajadores informales, cuentapropistas y precarizados, no hay paritarias en cuotas ni cláusulas gatillo; para ellos el poder de compra se sigue pulverizando día a día frente a las góndolas.
El Gobierno podrá seguir dibujando gráficos en Excel y ensayando piruetas en las redes sociales, pero la realidad en los hogares argentinos es implacable. No se puede tapar la destrucción del salario con un aumento en cuotas que ya nació ganada por la inflación antes de llegar al bolsillo.