¿PRIMER MUNDO? EL ÉXITO DE PAGAR COMO EN SUIZA CON EL BOLSILLO EN EL SUBSUELO
Nos prometieron que Argentina iba camino a ser una potencia europea, y hay que reconocer que el objetivo se cumplió con una precisión quirúrgica, aunque solo en un sentido: el ticket del supermercado. Hoy, técnicamente, Argentina es el segundo país más caro del mundo en dólares, superado únicamente por Suiza.
La trampa técnica detrás del "éxito" inflacionario del 2% es lo que nadie te cuenta en los discursos oficiales. Mientras el Gobierno festeja una estadística que excluye a propósito la comida y la energía, la realidad es que el país se ha encarecido en moneda dura a niveles insoportables. No es estabilidad; es una inflación en dólares que nos dejó con precios de Zúrich pero con una capacidad de compra que retrocedió décadas.
Este fenómeno de la Argentina "cara para el mundo" pero "imposible para los argentinos" es el resultado de un modelo que pisa el tipo de cambio y las tarifas para que el Excel dé "lindo". Se intenta tapar el sol con el dedo: festejan que la inflación baja cuando la realidad es que los precios se frenan porque el consumo se desplomó. Si las heladeras están vacías, los precios no suben, pero eso no es un triunfo económico, es el síntoma de una sociedad que ya no puede con el costo de vida.
Al final, la promesa del "Primer Mundo" terminó siendo una ironía pesada. Estamos en la cima de los rankings internacionales de costo de vida, compitiendo mano a mano con las potencias más ricas del planeta, pero con un detalle técnico que el discurso oficial ignora: el sueldo de la persona que trabaja sigue en el tercer mundo. La estadística puede decir lo que quiera, pero la máscara cae cada vez que hay que pagar las cuentas.