EL ATAQUE A ARACELI PONCE Y LA PELIGROSA MODA DE FILMAR EN LUGAR DE AYUDAR
Tras el video que publicamos días atrás en este portal, la causa por la brutal agresión a Araceli Ponce en Santo Tomé ha tomado impulso judicial. Sin embargo, más allá de la lógica intervención de oficio de la fiscalía, queda al desnudo una realidad social que espanta: la desaparición absoluta de la empatía. Mientras cinco mujeres emboscaban y golpeaban con cascos a una joven de 23 años, la respuesta de los presentes no fue la intervención, sino la captura de pantalla.
¿Dónde están los controles sociales y dónde quedó la solidaridad básica? Resulta técnicamente contradictorio que la Justicia logre avanzar gracias a la viralización de videos que, en su origen, son la prueba de la indiferencia. Si hay imágenes desde distintos ángulos, es porque hubo una multitud rodeando la escena que decidió que el "espectáculo" de la violencia valía más que la integridad de una persona. Se prefiere el impacto de un "me gusta" o el morbo de compartir una golpiza antes que extender una mano para frenar la barbarie.
Es necesario remarcar que la Justicia no puede estar en cada esquina, pero la sociedad sí está. El hecho de que Araceli denuncie que "nadie intervino" mientras le arrancaban la ropa y la molían a golpes es el síntoma de una comunidad enferma de indiferencia. Nos hemos convertido en cronistas pasivos de la tragedia ajena; gente que filma con precisión técnica pero que carece de la reacción humana más elemental.
La viralización no es justicia, es el registro de nuestra propia decadencia. Si la fiscalía hoy actúa es porque el video le estalló en la cara, pero esa misma evidencia nos señala a todos: ¿En qué momento ver a una mujer ser atacada por una patota pasó a ser un contenido para redes sociales en lugar de una emergencia que requiera acción inmediata? La impunidad de las agresoras se alimentó, esa noche, de la pasividad de cada persona que sostuvo un celular en lugar de frenar el ataque.