El 21 de septiembre de 2003, Cristian Eduardo Schaerer tenía 21 años y regresaba a su casa en la ciudad de Corrientes. Alrededor de las 23.30, cuando ingresaba al garaje de su vivienda del barrio Las Tejas, fue interceptado por cuatro hombres armados que circulaban en un Fiat Duna.
Lo obligaron a subir al vehículo. Pocos minutos después cambiaron de automóvil y continuaron el traslado en un Chevrolet Corsa.
Desde entonces, Cristian nunca volvió a aparecer.
Han pasado 23 años desde aquel secuestro y el caso Schaerer permanece como una de las investigaciones criminales más complejas y prolongadas de la historia reciente de Corrientes. Hubo condenas, absoluciones que posteriormente fueron revocadas, investigaciones sobre un ex policía federal, distintos lugares de cautiverio, movimientos internacionales, prófugos durante más de una década y hasta un tercer juicio oral realizado veinte años después del secuestro.
Pero hay una pregunta que ninguna de esas instancias judiciales consiguió responder:
¿Dónde está Cristian Schaerer?
EL SECUESTRO Y EL COMIENZO DE UNA OPERACIÓN QUE ATRAVESÓ FRONTERAS
La reconstrucción judicial estableció que Cristian fue llevado inicialmente hacia el interior de Corrientes.
Después del cambio de vehículo, los secuestradores se dirigieron hacia la Ruta Nacional 12 y luego tomaron la Ruta Nacional 118. El joven permaneció cautivo en un primer lugar situado en la zona de Saladas.
El 24 de septiembre de 2003 comenzó una nueva etapa del cautiverio.
Cristian fue trasladado hacia Paso de los Libres.
Y es precisamente en esta ciudad fronteriza donde la causa adquiere una importancia particular para entender cómo funcionó la organización.
LA CHACRA DE “CANICHE” SALGÁN: EL LUGAR QUE QUEDÓ IDENTIFICADO EN EL EXPEDIENTE
Cristian fue llevado a una chacra perteneciente a Raúl Nemesio “Caniche” Salgán.
La ubicación no es una referencia periodística aproximada. Surge de las actuaciones judiciales: la propiedad estaba situada en la intersección de la calle Ernesto Montiel y la Ruta Nacional 117, en la ciudad de Paso de los Libres.
La resolución de la Cámara Federal de Casación Penal reconstruyó expresamente que la chacra fue utilizada para la retención y ocultamiento de Cristian durante ese período.
Según la reconstrucción judicial, permaneció allí aproximadamente desde la madrugada del 24 de septiembre hasta el 7 de octubre de 2003.
Ese dato tiene especial importancia porque permite ubicar físicamente una parte concreta de la historia que durante años estuvo rodeada de versiones, testimonios y reconstrucciones.
No se trataba simplemente de un punto perdido en algún lugar de Paso de los Libres.
Era una propiedad perfectamente identificada judicialmente: Ernesto Montiel y Ruta Nacional 117.
Desde allí, Cristian fue trasladado a un segundo lugar de cautiverio en la zona rural.
EL PARAJE OMBUCITO Y LA PROPIEDAD DE MIGUEL ÁNGEL CARBONELL
El siguiente destino fue una chacra perteneciente a Miguel Ángel Carbonell, ubicada en la Quinta Sección, paraje Ombucito, en la zona rural de Paso de los Libres.
Las actuaciones judiciales establecieron que ese lugar estaba aproximadamente a diez kilómetros de la ciudad. Allí se acondicionó un nuevo sitio de cautiverio para continuar manteniendo retenido al joven.
En 2023, veinte años después del secuestro, Carbonell enfrentó finalmente un juicio oral.
El Tribunal Oral Federal de Corrientes lo condenó a 13 años de prisión como partícipe necesario del secuestro extorsivo agravado.
La Justicia consideró acreditado que era propietario del lugar y que había facilitado el tercer sitio donde Cristian permaneció cautivo. Según la reconstrucción judicial, estuvo allí aproximadamente entre el 7 y el 17 de octubre de 2003, antes de ser trasladado hacia Brasil.
El dato vuelve a mostrar la dimensión territorial del secuestro: Cristian pasó por distintos lugares de Corrientes antes de ser llevado hacia la frontera.
DE PASO DE LOS LIBRES A URUGUAIANA
Después del paso por Ombucito, Cristian fue trasladado hacia Brasil.
La frontera entre Paso de los Libres y Uruguayana se convirtió entonces en otro punto decisivo de la investigación.
La víctima fue sacada clandestinamente del país y llevada a Uruguayana, donde continuó el cautiverio.
Ese traslado internacional es uno de los elementos que explican la enorme complejidad posterior de la causa.
Ya no se trataba únicamente de un secuestro ocurrido en Corrientes.
La investigación debía seguir una organización que operaba en distintos puntos de Argentina, Paraguay y Brasil, y cuyos principales referentes terminarían vinculados posteriormente con otros hechos criminales en distintos países.
EL RESCATE: CINCO MILLONES DE DÓLARES EXIGIDOS Y 277.300 ENTREGADOS
Desde los primeros momentos del secuestro, los captores comenzaron a comunicarse con la familia.
La exigencia inicial fue de 5 millones de dólares.
Finalmente, después de semanas de negociaciones, el 6 de noviembre de 2003, la madre de Cristian, Pompeya Gómez, viajó a Ciudad del Este, Paraguay, y entregó aproximadamente 277.300 dólares como rescate.
La cifra es importante porque durante años algunas reconstrucciones periodísticas simplificaron el episodio hablando de un rescate millonario.
Pero una cosa fue el monto exigido y otra muy diferente el dinero efectivamente entregado.
La familia pagó aproximadamente 277.300 dólares.
Y aun así Cristian no fue liberado.
Ese es uno de los elementos más dramáticos de la causa.
El objetivo declarado de la extorsión era obtener dinero a cambio de la liberación del joven.
El dinero fue entregado.
Pero la liberación nunca ocurrió.
EL PADRE Y EL CONTEXTO QUE RODEABA A LA FAMILIA SCHAERER
Juan Pedro “Vasco” Schaerer no era un desconocido en la política correntina.
Había sido secretario privado de Raúl “Tato” Romero Feris y posteriormente ocupó el cargo de ministro de Salud durante la gestión de Pedro Braillard Poccard.
Al momento del secuestro de su hijo, se encontraba viviendo en Paraguay y tenía asuntos judiciales pendientes en Argentina.
Ese contexto formó parte inevitable de las especulaciones que rodearon el caso desde sus primeros días.
Sin embargo, una cosa es el contexto político y judicial que rodeaba al padre y otra muy diferente afirmar que el secuestro tuvo una motivación política.
Esa relación causal nunca quedó establecida judicialmente.
Por eso, después de 23 años, el contexto debe ser mencionado como parte de la historia, pero no convertido en una explicación que la investigación judicial no logró demostrar.
LOS PRIMEROS JUICIOS: LAS PRIMERAS CONDENAS
La investigación permitió identificar a distintos integrantes de la organización.
El primer juicio oral terminó entre 2006 y 2007.
El Tribunal Oral Federal de Corrientes condenó a:
Pedro Ángel Barbieri: 25 años de prisión.
Néstor Horacio Barczuk: 25 años.
Judith Alvarenga: 8 años.
La Justicia consideró acreditada su participación en el secuestro extorsivo.
Pero aquel juicio no cerró la causa.
Por el contrario, dejó expuesta la existencia de una estructura mucho más amplia.
EL SEGUNDO JUICIO: “CANICHE”, CARRO CÓRDOBA Y LOS OTROS CONDENADOS
En agosto de 2009 llegó un segundo juicio oral.
Esta vez los condenados fueron:
Raúl Nemesio “Caniche” Salgán: 25 años.
Cristian Ramón Carro Córdoba: 25 años.
Gonzalo Adrián “Paragüita” Acosta: 16 años.
Claudio Sebastián Cornelli Belén: 12 años.
En ese mismo proceso fueron absueltos:
Miguel Ángel Ramírez, ex policía federal.
María Esther Sudo.
Sergio Gustavo Salgán.
Oscar Antonio Salgán.
Jorge Gabriel Sudo.
La sentencia de 2009, sin embargo, no sería la última palabra judicial sobre esas absoluciones.
EL GIRO DE 2013: CASACIÓN CAMBIÓ PARTE DEL FALLO
Cuatro años después se produjo uno de los movimientos judiciales más importantes de toda la causa.
La Cámara Federal de Casación Penal revisó las absoluciones y condenó a quienes habían quedado fuera de responsabilidad en el juicio oral.
Las nuevas penas fueron:
Miguel Ángel Ramírez: 18 años.
Sergio Gustavo Salgán: 17 años.
Oscar Antonio Salgán: 17 años.
María Esther Sudo: 17 años.
Jorge Gabriel Sudo: 11 años.
La diferencia entre la sentencia del tribunal oral y la posterior resolución de Casación muestra hasta qué punto el expediente estuvo atravesado por distintas interpretaciones de la prueba.
EL CASO DEL EX POLICÍA FEDERAL MIGUEL ÁNGEL RAMÍREZ
La historia de Miguel Ángel Ramírez merece un capítulo aparte.
Ramírez era ex integrante de la Policía Federal y estaba vinculado a tareas de investigación.
Fue acusado de haber advertido a integrantes de la familia Salgán sobre procedimientos y allanamientos que se realizarían en el marco de la investigación.
La acusación sostenía que esas advertencias habrían permitido mover a Cristian de los lugares donde se encontraba retenido y evitar que los investigadores pudieran encontrarlo.
En el juicio oral de 2009, Ramírez fue absuelto.
Pero la historia judicial no terminó allí.
En 2013, la Cámara Federal de Casación Penal revocó esa situación y le impuso una pena de 18 años de prisión. En sus fundamentos, la Cámara consideró que su aporte había sido relevante para permitir la continuidad del secuestro y del cautiverio.
La causa Ramírez constituye, por sí sola, uno de los capítulos más complejos del expediente: un ex integrante de la Policía Federal que pasó de ser absuelto en el juicio oral a recibir una condena de 18 años en la instancia de Casación.
Y existe otro elemento que volvió todavía más particular su historia judicial: mientras esa condena todavía atravesaba distintas instancias, Ramírez quedó involucrado en otra causa vinculada al narcotráfico y permaneció detenido por esa investigación.
Así, la historia del ex policía terminó superponiéndose con otro expediente penal, en una situación que durante años generó nuevas actuaciones judiciales.
LOS QUE MURIERON SIN QUE EL MISTERIO TERMINARA
Algunos de los protagonistas del expediente murieron sin que la desaparición de Cristian quedara esclarecida.
Raúl Nemesio “Caniche” Salgán murió en 2017 mientras cumplía su condena.
Su hijo Sergio Gustavo Salgán, condenado posteriormente a 17 años por Casación, murió en prisión en febrero de 2023.
También murió Miguel Miño, otro de los nombres que apareció vinculado a la investigación.
La muerte de distintos protagonistas tiene una consecuencia inevitable: algunas respuestas que pudieron haber existido dentro del circuito criminal desaparecieron con ellos.
Y ninguna de esas muertes permitió encontrar el cuerpo de Cristian.
EL TERCER JUICIO: CARBONELL Y UN AGUANTADERO QUE HASTA ENTONCES NO HABÍA GENERADO UNA CONDENA
En noviembre de 2023, cuando habían transcurrido dos décadas desde el secuestro, la causa volvió a producir una condena.
Miguel Ángel Carbonell recibió 13 años de prisión como partícipe necesario del secuestro extorsivo agravado.
El Tribunal consideró acreditado que había facilitado el lugar del paraje Ombucito donde Cristian fue mantenido cautivo.
Carbonell había llegado al juicio en libertad y fue detenido después del veredicto.
La condena produjo un dato significativo: veinte años después del hecho todavía aparecían nuevas responsabilidades penales vinculadas con la infraestructura utilizada para mantener cautivo al joven.
LOS NOMBRES QUE TODAVÍA FALTAN EN EL BANQUILLO
Pero la historia judicial tampoco terminó con Carbonell.
Desde el comienzo de la investigación, dos nombres aparecieron como figuras centrales de la organización:
Rodolfo José “El Ruso” Lohrmann.
José Horacio “Potrillo” Maidana.
Ambos permanecieron prófugos durante más de 14 años.
Fueron detenidos en Portugal en 2017, cuando integraban una organización dedicada a robos de bancos y vehículos blindados.
En Portugal recibieron una condena de 18 años por esos delitos.
Pero en Argentina no fueron juzgados todavía por el caso Schaerer.
Por eso, la causa continúa teniendo una parte fundamental pendiente.
LOHRMANN: UNA HISTORIA QUE ATRAVESÓ PORTUGAL Y ESPAÑA
La situación de Lohrmann volvió a complicarse en 2024.
El hombre se fugó de la prisión portuguesa de Vale de Judeus, donde se encontraba detenido mientras continuaban los procedimientos relacionados con su situación internacional.
En febrero de 2025 fue capturado nuevamente en España, en Alicante.
El episodio volvió a colocar al caso Schaerer en las noticias internacionales.
Pero también mostró algo que se repite desde hace 23 años: cada vez que aparece una novedad sobre Lohrmann, vuelve a aparecer la misma pregunta.
¿Qué sabe realmente sobre el destino de Cristian?
LA CARTA DEL “RUSO”: HABLÓ, PERO NO CONTESTÓ LA PREGUNTA CENTRAL
En 2019, Lohrmann hizo llegar desde Portugal una extensa carta manuscrita al periodista Nahuel Gallotta, de Clarín.
Fueron alrededor de 40 páginas.
En ese escrito habló de la causa, de su situación y de lo que consideraba una construcción judicial equivocada.
Afirmó que había personas condenadas que, según él, eran inocentes.
También sostuvo que en un secuestro de esas características necesariamente habían participado pocas personas y cuestionó la reconstrucción realizada por la investigación.
Pero hubo algo que evitó hacer:
no explicó de manera concreta qué ocurrió con Cristian Schaerer.
Tampoco identificó públicamente al supuesto responsable que, según él, había generado parte de la investigación mediante información falsa.
La carta, por lo tanto, tuvo valor periodístico porque permitió conocer directamente la posición de uno de los hombres señalados como integrante central de la organización.
Pero no resolvió el principal interrogante de la causa.
¿A QUIÉN PROTEGÍA LOHRMANN?
Ese punto sigue abierto.
Si Lohrmann sostiene que varias personas fueron condenadas injustamente, surge una pregunta inevitable:
¿quiénes participaron realmente del secuestro?
Y aparecen otras preguntas todavía más difíciles.
Si existieron personas que fueron condenadas sin haber participado, ¿quiénes fueron entonces los verdaderos responsables?
Si Lohrmann conoce una versión diferente de los hechos, ¿por qué no la explicó completamente?
Si conoce el destino final de Cristian, ¿por qué nunca indicó con precisión dónde buscar?
¿A quién podría estar protegiendo?
¿A quién no está protegiendo?
¿Hay personas que todavía no fueron identificadas?
¿O simplemente existe una parte de la historia que los principales protagonistas nunca estuvieron dispuestos a revelar?
Estas preguntas no pueden transformarse en acusaciones sin pruebas.
Pero tampoco pueden desaparecer del análisis de una causa que, 23 años después, sigue sin responder dónde terminó Cristian.
UN RESCATE COBRADO, UNA FRONTERA CRUZADA Y UNA VÍCTIMA QUE NUNCA VOLVIÓ
Hay una secuencia que resulta particularmente difícil de explicar.
Cristian fue secuestrado.
La familia recibió exigencias económicas.
Se pagó el rescate.
Los secuestradores lograron trasladarlo desde Corrientes hasta Paso de los Libres.
Pasaron por distintos lugares de cautiverio.
Cruzaron la frontera hacia Brasil.
Y, después de haber recibido el dinero, Cristian no apareció.
La investigación judicial llegó a la conclusión de que se trató de un secuestro seguido de muerte, aunque nunca apareció el cuerpo.
Pero una conclusión judicial no reemplaza la evidencia física que la familia sigue buscando desde hace 23 años.
LA BÚSQUEDA DEL CUERPO
La búsqueda de Cristian tuvo numerosos capítulos.
Uno de los más importantes se concentró en la zona del río Uruguay y en el arroyo Imboá, cerca de Uruguayana.
En 2020, Gendarmería realizó un operativo de gran magnitud que incluyó el drenaje de millones de litros de agua para poder revisar el cauce.
El resultado fue negativo.
También se realizaron nuevas búsquedas posteriormente, incluida una investigación en Paraguay.
Ninguna permitió encontrar los restos de Cristian.
La ausencia del cuerpo no significa que no exista una reconstrucción judicial sobre lo sucedido.
Pero sí significa que la familia continúa sin disponer de aquello que, después de una desaparición tan prolongada, constituye una de las respuestas fundamentales:
saber dónde está su hijo.
23 AÑOS DESPUÉS: MUCHAS CONDENAS, POCAS CERTEZAS SOBRE EL FINAL
El caso Schaerer produjo condenas.
Doce personas fueron condenadas en los dos primeros juicios y posteriormente se sumó la condena de Miguel Ángel Carbonell en el tercer juicio.
La Cámara de Casación modificó además algunas absoluciones y estableció nuevas responsabilidades.
Hubo condenados que murieron en prisión.
Hubo un ex policía federal condenado.
Hubo propiedades perfectamente identificadas en Paso de los Libres utilizadas durante el cautiverio.
Hubo un traslado clandestino hacia Brasil.
Hubo un rescate de aproximadamente 277.300 dólares.
Hubo investigaciones en Argentina, Paraguay, Brasil y Europa.
Hubo prófugos durante más de una década.
Hubo capturas.
Hubo una fuga de prisión.
Hubo una nueva captura.
Hubo búsquedas, rastrillajes, testimonios y nuevas hipótesis.
Y, sin embargo, sigue faltando la respuesta más elemental.
¿Dónde está Cristian Eduardo Schaerer?
La historia judicial puede reconstruir buena parte del recorrido del secuestro.
Puede establecer responsabilidades penales.
Puede identificar lugares, vehículos, comunicaciones y movimientos.
Puede determinar quiénes fueron condenados y por qué.
Pero mientras los restos de Cristian no aparezcan y mientras quienes todavía conocen información sobre el tramo final del cautiverio no expliquen qué ocurrió, quedará una parte esencial de la historia sin cerrar.
El 21 de septiembre de 2026 se cumplieron 23 años desde aquella noche.
Veintitrés años después, el caso Schaerer ya no es solamente la historia de un secuestro.
Es también la historia de una investigación que atravesó generaciones, fronteras, tribunales y cárceles.
Y es, sobre todo, la historia de un joven que salió de su casa una noche de septiembre de 2003 y nunca volvió.
Cristian fue secuestrado. El rescate fue pagado. Hubo condenas. Hubo responsables identificados.
Pero todavía falta encontrarlo.
Y mientras eso no ocurra, la causa Schaerer seguirá teniendo una pregunta pendiente que ninguna sentencia consiguió responder.
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