Radiografía del endeudamiento: La morosidad en los hogares alcanza niveles récord y empuja a circuitos de riesgo


Radiografía del endeudamiento: La morosidad en los hogares alcanza niveles récord y empuja a circuitos de riesgo

Mientras la discusión pública se pierde en las variaciones de las encuestas de imagen, los datos fríos del sistema financiero revelan una realidad mucho más compleja: la capacidad de pago de las familias argentinas está en su punto más crítico de los últimos 15 años. Según los últimos informes del Banco Central y consultoras privadas, la morosidad en los préstamos destinados al consumo se cuadruplicó en apenas un año, superando la barrera del 10,6% en este inicio de 2026.

Este fenómeno no es una estadística aislada, sino el reflejo de un cambio profundo en el uso del crédito. El dinero prestado dejó de ser una herramienta para la inversión o la compra de bienes durables y pasó a ser un recurso de subsistencia. Hoy, más del 56% de los hogares reconoce haber tomado deuda en los últimos meses para cubrir necesidades básicas como alimentos, servicios y alquileres. Esto generó un efecto dominó peligroso: al no poder ganarle a la inflación, el salario se agota alrededor del día 20 del mes, obligando a las familias a financiar el consumo diario con tarjetas de crédito o préstamos personales.

La situación es especialmente delicada en el sector no bancario y las billeteras virtuales, donde la morosidad ya roza el 25%. En estos segmentos, los intereses suelen ser mucho más elevados, lo que convierte a la deuda en una "bola de nieve" difícil de frenar. El dato que realmente preocupa a los analistas es que casi 9 de cada 10 familias que hoy tienen deudas manifiestan dificultades serias para cumplir con los pagos. No se trata de una falta de voluntad, sino de una asfixia financiera donde el ingreso disponible ya no alcanza para cubrir el costo de vida y los compromisos financieros al mismo tiempo.

Pero el aspecto más alarmante de esta crisis de deuda es el desplazamiento de miles de personas hacia circuitos de financiamiento no convencionales, fuera de todo control estatal. Al quedar excluidos del mercado bancario por su nivel de riesgo o falta de formalidad, muchos vecinos se ven empujados a recurrir a prestamistas informales que operan en los barrios. En estos casos, las condiciones son usureras, con tasas de interés que multiplican varias veces las del mercado oficial. La morosidad en este circuito no se traduce en un reporte al Veraz, sino en mecanismos de cobro que ejercen una presión directa y desproporcionada sobre los deudores y sus familias, convirtiendo una necesidad básica en una situación de vulnerabilidad extrema y peligro constante.


 

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