Caso Mauro:
Una libertad previsible que profundiza el dolor de la familia
El paso de Pacheco por la fiscalía este miércoles dejó un sabor amargo, aunque para muchos, el resultado era una "crónica anunciada". El imputado por el gravísimo choque que mantiene a Mauro en estado crítico se presentó a declarar y, tal como se preveía dentro de los resortes técnicos del sistema judicial, se retiró en total libertad.
Para la familia y la querella, este escenario —aunque técnicamente posible— representa un golpe a la esperanza de una justicia inmediata. Se enfrentaron a lo que en los pasillos de tribunales se conoce como un resultado previsible: el uso de garantías procesales que permiten que un acusado transite la causa sin restricciones, a pesar de la gravedad del hecho y de la conducta posterior al accidente.
El interrogante sobre los acompañantes: ¿Testigos o cómplices?
Más allá de la libertad de Pacheco, la mayor duda es la situación de las otras tres personas que viajaban en el vehículo. Hasta ahora, el foco ha estado sobre el conductor, pero cabe preguntarse: ¿Qué responsabilidad penal recae sobre el resto de los ocupantes?
Si bien suele intentarse el uso de conceptos como el "estado de shock" para justificar una huida, los hechos en este caso plantean un desafío a la lógica racional:
Tras el impacto, el auto de los imputados se detuvo a media cuadra.
Vecinos intervinieron y les exigieron que se quedaran para asistir a Mauro, quien yacía inconsciente.
El grupo decidió ignorar el pedido de auxilio, reinició la marcha y huyó por segunda vez.
Aquí es donde la racionalidad que pide la sociedad entra en juego: ¿Es humanamente posible que cuatro personas sufran un bloqueo mental simultáneo que les impida reaccionar incluso después de ser increpadas por los testigos? La sospecha de una voluntad de fuga coordinada es lo que la justicia deberá determinar para decidir si corresponde la imputación por Abandono de Persona (Art. 106 del Código Penal) para todos los involucrados.
Una víctima sin voz frente a un sistema de garantías
El contraste de la jornada es desgarrador. Mientras el imputado ejerce su derecho a defensa blindado por una estrategia legal plural, Mauro continúa internado en la ciudad de Corrientes, en una cama de hospital, sin capacidad de reacción y sin posibilidad de declarar.
La familia de Mauro no pide imposibles, pide una justicia con sentido común. Una justicia que entienda que la libertad otorgada por falta de antecedentes o por el simple hecho de "presentarse a derecho" choca de frente con la realidad de una víctima que hoy no tiene voz, porque quienes lo chocaron decidieron que escapar era más importante que socorrerlo.
Este resultado, aunque previsible para los técnicos de la ley, sigue siendo una herida abierta para quienes esperan que la justicia sea algo más que un frío trámite de oficina.
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