EDITORIAL: Río Tercero

EDITORIAL: Río Tercero: una explosión, cuatro condenados y demasiadas preguntas
El 3 de noviembre de 1995, Río Tercero dejó de ser solamente una ciudad de Córdoba.
Durante varias horas, el cielo se convirtió en una lluvia de proyectiles, explosiones y fuego. La Fábrica Militar de Río Tercero voló por los aires y la ciudad quedó expuesta a una de las tragedias más graves de la historia reciente argentina.
Murieron siete personas y más de 300 resultaron heridas. Casas destruidas, vehículos dañados y vecinos huyendo de una lluvia de municiones que, en algunos casos, terminó cayendo a kilómetros de la fábrica.
Durante mucho tiempo, la explicación que quedó instalada fue la de un accidente.
Pero con el avance de la investigación, esa explicación comenzó a desmoronarse.
La Justicia terminó estableciendo que aquello no había sido un accidente.
La explosión fue provocada deliberadamente.
Y cuatro integrantes de la estructura militar fueron condenados por estrago doloso agravado por la muerte de personas.
Hasta ahí, podríamos decir que la historia tiene una respuesta.
Pero cuando uno empieza a mirar qué había detrás de aquella explosión, aparecen las preguntas.
Porque Río Tercero no era simplemente un depósito de municiones que explotó.
En aquella fábrica existía un faltante de armamento.
Y ese faltante tenía una relación directa con una historia mucho más grande: la venta ilegal de armas argentinas a Croacia y Ecuador durante el gobierno de Carlos Menem.
Entonces aparece la primera pregunta incómoda:
¿Qué era exactamente lo que había que ocultar?
Porque si la explosión fue deliberadamente provocada para hacer desaparecer evidencias relacionadas con material bélico faltante, entonces el problema ya no consiste solamente en saber quién provocó la explosión.
También hay que preguntarse quién sabía que ese material faltaba.
Quién sabía dónde estaba.
Quién sabía cómo había salido.
Quién podía beneficiarse con la destrucción de documentación, instalaciones y evidencias.
Y, sobre todo, quiénes tenían capacidad suficiente para tomar decisiones de semejante magnitud.
La Justicia llegó hasta determinados responsables.
Hubo condenas.
Pero la historia política es bastante más compleja.
Carlos Menem fue procesado en relación con la investigación por la voladura de Río Tercero, pero ese procesamiento fue posteriormente revocado y no terminó en una condena por ese hecho.
Y acá aparece una diferencia que no podemos ignorar.
Una cosa es establecer judicialmente la responsabilidad de quienes ejecutaron una acción.
Otra muy distinta es establecer quiénes estuvieron detrás de las decisiones políticas que hicieron posible aquello.
Son niveles diferentes de responsabilidad.
Y justamente por eso Río Tercero sigue siendo una historia que merece ser revisada.
Porque cuando hablamos de grandes operaciones de poder, muchas veces resulta relativamente sencillo encontrar a quienes aparecen en el último eslabón de la cadena.
Mucho más difícil es llegar hasta quienes tenían capacidad de decisión.
Y esa diferencia merece preguntas.
No porque haya que inventar culpables.
No porque haya que condenar a alguien desde una editorial.
Sino porque una democracia necesita saber hasta dónde llegó una investigación y, también, hasta dónde no llegó.
Y después aparece Lourdes Di Natale
Hay otro nombre que inevitablemente aparece cuando uno reconstruye esta historia:
Lourdes Di Natale.
Fue secretaria de Emir Yoma y una de las personas que aportó información a la investigación sobre el contrabando de armas.
Su muerte, ocurrida en marzo de 2003 después de caer desde el décimo piso del edificio donde vivía, fue investigada bajo distintas hipótesis.
Durante años se discutió si se había tratado de un suicidio, un accidente o si podía existir una tercera posibilidad.
La cuestión llegó incluso hasta la Corte Suprema, que ordenó reabrir la investigación al considerar que no se habían agotado determinadas medidas de prueba.
Y hay un dato que vuelve todavía más inquietante la historia:
Di Natale también estaba vinculada a la investigación sobre Río Tercero y debía declarar sobre esa causa.
No corresponde transformar ese dato en una acusación.
Pero tampoco corresponde esconderlo.
Porque una pregunta periodística no necesita una respuesta prefabricada.
Necesita documentos, fechas, testimonios y contexto.
Por eso, desde Contenidos Libres vamos a dedicar una editorial específica a Lourdes Di Natale: su trayectoria, sus declaraciones, su relación con la causa de las armas, las circunstancias de su muerte y las preguntas que quedaron abiertas alrededor de aquel episodio.
Y hay una tercera historia
Porque para comprender Río Tercero hay que retroceder todavía más.
Hay que hablar de las armas que salieron de la Argentina.
De los decretos que autorizaron determinadas operaciones.
De Croacia.
De Ecuador.
De Fabricaciones Militares.
De los intermediarios.
De los funcionarios.
De las toneladas de armamento que terminaron fuera del país bajo operaciones cuya documentación no reflejaba adecuadamente sus verdaderos destinos.
Y hay que preguntarse cómo una operación semejante pudo desarrollarse durante años.
Por eso también vamos a hacer una editorial específica sobre el contrabando de armas a Croacia y Ecuador.
No como una repetición de lo que ya se contó.
Sino intentando reconstruir la cadena completa.
Porque quizá ahí esté una de las claves para comprender por qué Río Tercero terminó convertido en una tragedia.
Río Tercero no terminó con cuatro condenas
Una ciudad quedó marcada.
Siete personas murieron.
Cientos resultaron heridas.
Una fábrica militar quedó destruida.
Y cuatro hombres terminaron condenados.
Pero una condena no necesariamente responde todas las preguntas de una historia.
A veces solamente establece la responsabilidad penal de quienes pudieron ser llevados ante un tribunal.
Las preguntas históricas pueden continuar mucho después.
¿Quién sabía?
¿Quién decidió?
¿Quién se benefició?
¿Quién debía controlar?
¿Quién permitió que el armamento saliera?
¿Y por qué, cuando llegó el momento de investigar cómo habían desaparecido las evidencias, la Justicia pudo llegar hasta determinados responsables pero no logró establecer una responsabilidad penal en los niveles políticos superiores?
Quizás la historia argentina tenga demasiados episodios en los que la investigación termina encontrando responsables concretos, pero deja abierta la discusión sobre quienes estaban más arriba.
No hace falta afirmar que siempre ocurrió así.
Pero sí vale la pena preguntar por qué ocurre tantas veces.
Porque Río Tercero no es solamente la historia de una explosión.
Es la historia de siete muertos, una ciudad destruida, armas que desaparecieron, una investigación judicial, cuatro condenas, una testigo cuya muerte todavía genera interrogantes y una trama internacional que conduce hacia Croacia y Ecuador.
Y si queremos entender realmente qué ocurrió aquel 3 de noviembre de 1995, no alcanza con mirar el momento de la explosión.
Hay que mirar todo lo que ocurrió antes.
Y también todo aquello que, después de treinta años, todavía merece una respuesta.


 

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