EDITORIAL: CUASIMONEDAS.


Cuando 100 pesos no valían 100: la Argentina de las cuasimonedas
Hubo una Argentina en la que cobrar un sueldo no significaba necesariamente cobrar pesos.
Parece difícil de imaginar hoy, pero durante la crisis de comienzos de siglo hubo trabajadores que recibían su salario en una combinación de pesos y papeles que, aunque llevaban impreso un determinado valor nominal, podían tener un valor completamente diferente cuando llegaban a un comercio.
CECАCOR, LECOP, Patacones, LECOR, Federales, Quebrachos, BOCANFOR, BOCADE y BONOSCAT fueron algunos de los nombres de aquella Argentina partida en múltiples monedas de emergencia.
Eran las llamadas cuasimonedas.
Y fueron mucho más que simples papeles.
Fueron el síntoma de un Estado nacional y de varios Estados provinciales que habían llegado a un punto en el que necesitaban pagar, pero no tenían suficientes pesos circulando.
El mismo papel podía valer 100, 60 o 40
Imaginemos una situación sencilla.
Un trabajador debía cobrar 150 pesos.
El Estado provincial podía entregarle 150 unidades de una cuasimoneda.
En los papeles, tenía 150.
El problema aparecía cuando ese trabajador intentaba transformar esos 150 en comida, combustible, medicamentos o dinero efectivo.
Porque el comerciante no necesariamente veía esos 150 como 150 pesos.
Y cuanto menor era la confianza y la aceptación de la cuasimoneda, mayor era el descuento.
El Banco Central documentó precisamente esa diferencia entre el valor nominal y el valor de mercado. En febrero de 2003, por ejemplo, registraba cotizaciones muy diferentes entre las distintas cuasimonedas: mientras LECOP y Patacones se encontraban cerca de la paridad, los CECACOR podían cotizar muy por debajo de su valor nominal. El propio BCRA explicaba que el precio dependía tanto de la solvencia percibida del emisor como de la liquidez del título, es decir, de qué tan fácilmente podía utilizarse como dinero.
Y ahí aparecía una situación profundamente desigual.
El que necesitaba comer no podía esperar.
El que necesitaba pagar una deuda no podía esperar.
El que necesitaba convertir esos papeles en pesos tampoco podía esperar.
Pero quien tenía dinero disponible podía comprar esos títulos depreciados y esperar.
Y cuando aparece esa diferencia entre quien necesita vender hoy y quien puede esperar para cobrar mañana, aparece también el terreno donde prospera la especulación.
Corrientes conoció esa historia de cerca
En Corrientes, uno de los protagonistas fue el CECACOR.
El trabajador podía recibir el certificado por su valor nominal.
Pero después comenzaba el problema de la aceptación.
Un papel que decía 100 podía no ser considerado equivalente a 100 pesos por quien lo recibía.
Y eso generaba una paradoja brutal:
el Estado decía que valía 100; el mercado podía decir que valía mucho menos.
No era una diferencia puramente teórica.
Era una diferencia que podía terminar saliendo directamente del bolsillo del trabajador.
Porque si alguien recibía 100 y para transformarlos rápidamente en dinero efectivo solamente conseguía 50, había perdido la mitad de su poder de compra en el camino.
Pero no todas las cuasimonedas eran iguales
Y acá aparece una distinción fundamental.
No podemos meter todo en la misma bolsa.
Los LECOP tuvieron una aceptación mucho mayor que otras cuasimonedas. Incluso podían utilizarse para determinadas obligaciones tributarias nacionales. La normativa de 2001 habilitó mecanismos para que títulos como los Patacones fueran utilizados para cancelar determinados impuestos nacionales, mientras que posteriormente los LECOP quedaron incorporados al sistema.
Eso les daba una característica que otros bonos provinciales no tenían en la misma magnitud:
liquidez y aceptación.
Y esa diferencia tenía un valor económico.
El BCRA lo observó claramente.
Cuando comenzó a instalarse la expectativa de que determinadas cuasimonedas serían rescatadas por el Estado nacional, sus cotizaciones empezaron a subir.
No porque mágicamente el papel hubiera cambiado.
Había cambiado la expectativa sobre lo que podía hacerse con él.
El propio Banco Central explicó que el anuncio de un rescate podía generar un verdadero “premio” sobre el precio de mercado del título, porque aumentaba la probabilidad percibida de recuperarlo.
Y ahí tenemos otra pregunta incómoda.
¿Quién compraba esos papeles cuando estaban baratos?
El negocio estaba en la diferencia
Supongamos nuevamente que un papel de valor nominal 100 cotizaba a 50.
Una persona desesperada por efectivo podía venderlo por 50.
Otra persona podía comprarlo por 50.
Pero si posteriormente ese mismo papel era rescatado a un valor superior, la diferencia podía convertirse en una ganancia.
Eso no significa que cada comercio, financiera o comprador haya realizado un “negociado”.
Sería irresponsable afirmarlo sin identificar operaciones concretas.
Pero el mecanismo económico existía.
Y estaba documentado.
Había una diferencia entre:
valor nominal,
valor de mercado,
valor de rescate
y, en determinados casos, intereses o condiciones financieras del título.
Cuatro números que podían ser diferentes para el mismo papel.
Ahí estaba la verdadera complejidad.
Y llegó el momento de sacar los papeles de circulación
Después de la crisis, Argentina comenzó a desmontar ese sistema.
El Programa de Unificación Monetaria fue creado para retirar los títulos provinciales que funcionaban como cuasimonedas y reemplazarlos por moneda nacional de curso legal. La propia normativa explicaba que el objetivo era volver a garantizar una única unidad monetaria nacional.
El proceso avanzó durante 2003.
En noviembre, el Banco Central informaba que ya se había rescatado aproximadamente el 85% de las cuasimonedas adheridas al programa.
Y en diciembre se produjo prácticamente el cierre de aquella experiencia.
El BCRA informó que desde el 30 de abril de 2003 habían salido de circulación $7.508 millones de valor nominal, equivalentes al 98% del stock existente a esa fecha.
Los números finales permiten comprender la diferencia entre unas y otras.
Cuasimoneda
Valor nominal rescatado
Valor de rescate
CECACOR
$249 millones
$185 millones
LECOP
$3.187 millones
$3.187 millones
Patacones
$2.644 millones
$2.644 millones
LECOR
$649 millones
$620 millones
Federales
$255 millones
$193 millones
Quebrachos
$99 millones
$88 millones
BOCANFOR
$85 millones
$70 millones
BOCADE
$167 millones
$155 millones
BONOSCAT
$56 millones
$56 millones
Total
$7.391 millones
$7.198 millones
Los datos corresponden al Programa de Unificación Monetaria informado por el Banco Central.
Y ahí aparece uno de los datos más fuertes de toda esta historia:
249 millones de pesos nominales en CECACOR terminaron registrados con un valor de rescate de 185 millones.
Mientras tanto, los LECOP y los Patacones fueron rescatados a la par.
No todos los argentinos que tuvieron una cuasimoneda estuvieron, por lo tanto, frente al mismo problema.
¿Y quién ganó con aquella diferencia?
Esta es quizás la pregunta más incómoda.
Porque cuando una persona está obligada a vender un activo depreciado para poder comprar comida, pagar una deuda o conseguir efectivo, existe alguien del otro lado dispuesto a comprarlo.
La pregunta periodística no debería ser automáticamente:
“¿Quién hizo el negociado?”
La pregunta debería ser:
“¿Quién tuvo la capacidad de comprar cuando otros estaban obligados a vender?”
Y después:
¿A qué precio compró?
¿Qué expectativa tenía sobre el rescate?
¿Qué información tenía?
¿Qué tratamiento recibió finalmente ese título?
Ahí es donde termina la memoria y empieza la investigación.
Porque podemos recordar perfectamente que en aquellos años había personas que recibían un papel por 100 y tenían que desprenderse de él por mucho menos.
Pero para afirmar que hubo un negociado concreto necesitamos algo más que el recuerdo.
Necesitamos documentos, operaciones, nombres, fechas y números.
Y eso es precisamente lo interesante.
La Argentina que volvió a tener un solo dinero
Las cuasimonedas habían nacido como una respuesta extraordinaria a una situación extraordinaria.
Pero una economía no puede funcionar indefinidamente con una colección de monedas diferentes cuyo valor depende de quién las emite, quién las acepta y quién está dispuesto a recibirlas.
El propio Banco Central definió el rescate como un avance en la normalización del sistema monetario y financiero, porque reemplazaba instrumentos de circulación limitada por dinero de circulación nacional bajo una única autoridad monetaria.
Y durante 2003 ese proceso avanzó hasta retirar prácticamente todo aquel dinero paralelo de circulación.
La Argentina volvió a manejar una moneda nacional.
Pero quedó una lección que quizás sea mucho más importante que los nombres de aquellos bonos:
cuando el Estado dice que un papel vale 100, eso no significa necesariamente que el ciudadano pueda comprar 100 pesos de cosas con él.
Entre el valor impreso y el valor real puede existir un abismo.
Y cuando ese abismo aparece en medio de una crisis, no todos quedan parados del mismo lado.
Algunos necesitan vender.
Otros pueden esperar.
Algunos pierden poder de compra.
Otros compran barato.
Y algunos pueden terminar ganando con una diferencia que para otro argentino significó perder una parte de su salario.
Las cuasimonedas desaparecieron.
Los nombres quedaron en la memoria.
Pero la pregunta económica sigue siendo válida:
¿cuánto vale realmente el dinero cuando la confianza desaparece?


 

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